Los peligros de la curiosidad
Voy a tratar de explicarle los hechos de la forma más detallada posible. Verá usted: me tenía intrigada, claro que lo estaba. Porque todas las noches, exceptuando el fin de semana, se encerraba en el estudio, según él, para trabajar en su tesis doctoral sobre la reproducción de los caballitos de mar; y aunque Jacinto es biólogo, a mí me parecía un tanto sospechoso. Decía que necesitaba aislarse y yo lo respetaba, hasta cierto punto, claro. Más de una vez, cogía un vaso, lo apoyaba en la pared del despacho para ver si conseguía oír alguna conversación indiscreta. No sirvió de nada, no hablaba con nadie, lo máximo que llegué a escuchar una vez fue un par de suspiros. Al día siguiente, con la excusa de hacer limpieza, entré en la habitación para ver si así encontraba alguna pista interesante. Nada, no había papeles emborronados o hechos trizas, ni tan siquiera libros de biología, nada de nada. Solo quedaba su PC, que me miraba desafiante desde el escritorio. No pude evitar la...