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Perlas grises

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  Suena el timbre y Eloísa mira en dirección a la puerta, como si pudiera ver a través de ella. Está ocupada en ultimar los detalles del almuerzo que junto con su marido han organizado para celebrar sus bodas de plata con toda la familia. Piensa que este año va a ser diferente de los anteriores, pero lo será solo en parte. Cuando abre la puerta, un muchacho que no tendrá más de dieciséis años le entrega un ramo de rosas rojas, que como todos los 15 de diciembre, llega sin tarjeta. Sonríe y lo recoge. El chico le advierte: — Tenga cuidado, no se le vaya a caer la caja que hay en el centro. Sin contarlas, sabe que hay veinticinco rosas, pero le intriga este nuevo elemento y se pregunta cuál será su contenido. Duda entre abrir el estuche de terciopelo, también rojo, o esperar a que llegue Daniel. Al fin, la curiosidad le impulsa a abrirlo enseguida. Contempla fascinada el collar de perlas grises, con el que ha soñado desde niña y que le recuerda a su abuela. Sonríe al recordar l...

Brumas

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  He oído decir que el tiempo pasa volando cuando te haces mayor. Entonces yo no soy mayor porque mis días son cada vez más largos y tediosos. Antes siempre estaba tejiendo jerséis, bufandas o lo que fuera. Ahora, algo me pasa en las manos porque me hago un lío. Y no me gusta ver la tele, es demasiado ruidosa. Pero, sobre todo, me aburro porque "él" no me deja salir sola a la calle, con lo que a mí me gusta callejear. No me sale su nombre; yo siempre he sido muy mala para acordarme de estas cosas, pero el de "él" lo sé, seguro. ¡Ah, sí! ¡Ahora caigo! Abelardo. Y todo porque no encontraba el camino de casa, como si eso no le pasara a todo el mundo alguna vez. Además, solo me ha pasado hoy, o, ¿ya me había pasado antes? Creo que no porque me acordaría. Tampoco quiere que cocine. ¡Pues, vaya rollo! Como si a nadie se le olvidara cerrar el gas alguna vez. Al fin y al cabo, no ha pasado nada. Un poco de humo y ya está. ¡Vaya cara de susto que ha puesto, y qué enfadado...

Recordando a mi abuela

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     Ella era toda una dama. Tenía una elegancia natural y un aire distinguido que la hacía diferente a todas las mujeres de su edad. Sus ojos de color azul intenso evocaban la serenidad de un mar en calma. Su cabello era plateado y largo; lo llevaba recogido en un sencillo moño que la acompañó hasta sus últimos días. Siempre iba vestida con tonos grises en su más variada gama y, en ocasiones, algún blanco. Evitaba vestir de negro porque le parecía demasiado triste.      Aunque la vida no fue fácil para ella, había sabido sobreponerse a todos los cambios de ciudad, las enfermedades, los contratiempos y hasta a una guerra civil con serenidad y valentía. A pesar de la aparente fragilidad que le confería su delgadez, era una mujer fuerte pero de carácter dulce y afectuoso.    Cuando falleció mi abuelo, ella vino a vivir con nosotros. Sobrellevaba su viudedad con gran entereza y sin que el dolor hiciera desaparecer la sonrisa de su hermoso rostro....