Perlas grises
Suena el timbre y Eloísa mira en dirección a la puerta, como si pudiera ver a través de ella. Está ocupada en ultimar los detalles del almuerzo que junto con su marido han organizado para celebrar sus bodas de plata con toda la familia. Piensa que este año va a ser diferente de los anteriores, pero lo será solo en parte. Cuando abre la puerta, un muchacho que no tendrá más de dieciséis años le entrega un ramo de rosas rojas, que como todos los 15 de diciembre, llega sin tarjeta. Sonríe y lo recoge. El chico le advierte: — Tenga cuidado, no se le vaya a caer la caja que hay en el centro. Sin contarlas, sabe que hay veinticinco rosas, pero le intriga este nuevo elemento y se pregunta cuál será su contenido. Duda entre abrir el estuche de terciopelo, también rojo, o esperar a que llegue Daniel. Al fin, la curiosidad le impulsa a abrirlo enseguida. Contempla fascinada el collar de perlas grises, con el que ha soñado desde niña y que le recuerda a su abuela. Sonríe al recordar l...