Despertar belicoso
Iglesia de Cajicá, Cundinamarca, Colombia Suena la campana de la iglesia. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… Me giro remolonamente en la cama. No. No tengo que levantarme. Todavía no. Hoy es domingo, el día amarillo. Sí, todos los días tienen su color y el domingo resplandece como el oro. Abro los ojos, parpadeo y por fin puedo ver con claridad la luz que se filtra a través de las rendijas de mi ventana. Me recuerda los mechones rubios de una princesa de cuentos de hadas. Dejo pasar el tiempo mientras me sumerjo en mis ensoñaciones que me llevan a una playa del Caribe de arenas doradas donde me dejo mecer por las olas, a bordo de un catamarán de velas de color ocre. De repente, una música estridente me arranca con violencia de mi paraíso imaginario. Me levanto abro la ventana y allí está él. En el edificio de enfrente, con un maillot ridículo y amarillento; pedaleando frenéticamente en una bicicleta estática mientras suena a todo volumen una canción machacona. Miro el...