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Mostrando las entradas etiquetadas como Fenómenos paranormales

La espera

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  El zumbido del ascensor me sobresalta una vez más. Se ha detenido en mi planta. A pesar de que me juró que no regresar ía jamás, a nsío oír el tintineo de las llaves, el ruido de la puerta al abrirse y el taconeo de ella en el recibidor. H abrá reflexionado y me dará otra oportunidad . S in embargo, pasan los segundos y la secuencia de sonidos que deseo escuchar no llega. Hoy tampoco es ella. Trato de relajarme, pero el eco del ascensor resuena en mi cabeza una y otra vez y no lo consigo. Mis días son todos iguales y transcurren en esta espera sin esperanza. No puedo pensar en otra cosa. Solo el ruido del ascensor calma mi inquietud, aunque sea por pocos instantes. La próxima vez iré corriendo a observar por la mirilla. Quizás llega a mi puerta y luego se arrepiente. Duda de si entrar o no. Puede que, si la abro antes de que se vaya, consiga verla, hablarle e intentar retenerla. Tengo que convencerla de que lo nuestro todavía tiene solución. Por nosotros y por Lucía que, ...

Juegos peligrosos

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Malena es muy aficionada a todo lo esotérico y le gusta hablar de sus experiencias paranormales. Cuenta, por ejemplo, que una vez estuvo en el umbral que separa la vida de la muerte y vio el túnel con una luz al final del que tanto se ha dicho. También explica que, en otra ocasión, necesitó la ayuda de una médium para liberarse de dos espíritus que se habían colado en su interior y que le hacían sentir un cansancio extremo. En su casa no es cosa rara que las puertas se abran y se cierren por sí solas, o que la televisión se encienda en mitad de la noche. Un día, Malena propone a su amiga Adela, que también se siente atraída por estos temas, organizar una sesión de espiritismo. A esta última le pica la curiosidad y acepta. Además, por raro que parezca, consigue que su novio, Alex, un matemático que no cree en nada que no sea demostrable por teorema, la acompañe en el experimento. Es sábado por la tarde. Malena ha escogido para la ocasión una sala amueblada con una mesa camilla, c...

El relato

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Atardecer en Isla Providencia, Colombia      María paseaba inquieta arriba y abajo por el salón de la casa que compartía con su hermano, Víctor, después del fallecimiento de su madre. Tenía que escribir un relato para entregarlo al día siguiente y no sabía cómo empezar. El viento que se filtraba por las rendijas de la ventana, y que anunciaba tormenta, no le ayudaba a concentrarse. De repente, interrumpió su paseo y se dirigió a su mesa de trabajo. Sentada ante el ordenador miraba, sin ver, la pantalla en blanco; sus manos descansaban sobre el teclado. ¿Dónde estaban las ideas? Sumida en sus pensamientos recorría los rincones de su mente, esos a los que nadie más que ella tenía acceso. Poco a poco sus dedos empezaron a teclear y las palabras empezaron a asomar, primero con timidez, luego a una velocidad de vértigo.        En el fragor de la tormenta que había acabado por estallar, María oyó la voz de Víctor que parecía hablarle desde muy...

Percepción extrasensorial

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     Después de una noche de extrañas visiones, tan aparentemente reales como increíbles, me desperté sobresaltado. Su imagen seguía nítida en mi cabeza. En ese estado de semi inconsciencia que sigue al momento en que se abren los ojos por primera vez, me sentía incapaz de discernir entre realidad y fantasía. Ahí estaba ella, sonriéndome. Su rostro se mostraba luminoso y transmitía una emoción difícil de plasmar en palabras. Levantó la mano derecha y la agitó a modo de saludo. Un instante después la imagen se desvaneció dejando en mi interior una sensación de pérdida.      No soy muy dado a soñar y menos aún a recordar los sueños, pero las sensaciones de ese amanecer eran vívidas e inquietantes  y yo me resistía a abandonar el sopor en el que me hallaba sumido.       ¿Cuándo nos habíamos visto por última vez? No lo recordaba con exactitud pero sin duda hacía mucho. Puede ser que desde mis tiempos de universitario. Después l...