La espera
El zumbido del ascensor me sobresalta una vez más. Se ha detenido en mi planta. A pesar de que me juró que no regresar ía jamás, a nsío oír el tintineo de las llaves, el ruido de la puerta al abrirse y el taconeo de ella en el recibidor. H abrá reflexionado y me dará otra oportunidad . S in embargo, pasan los segundos y la secuencia de sonidos que deseo escuchar no llega. Hoy tampoco es ella. Trato de relajarme, pero el eco del ascensor resuena en mi cabeza una y otra vez y no lo consigo. Mis días son todos iguales y transcurren en esta espera sin esperanza. No puedo pensar en otra cosa. Solo el ruido del ascensor calma mi inquietud, aunque sea por pocos instantes. La próxima vez iré corriendo a observar por la mirilla. Quizás llega a mi puerta y luego se arrepiente. Duda de si entrar o no. Puede que, si la abro antes de que se vaya, consiga verla, hablarle e intentar retenerla. Tengo que convencerla de que lo nuestro todavía tiene solución. Por nosotros y por Lucía que, ...