Encontrando inspiración
Este rincón es mi favorito para escribir. A una hora en la que la mayoría de los mortales están en sus centros de trabajo, yo puedo darme el lujo, si se puede decir así considerando lo que me cuesta llegar a final de mes, de estar en una terracita, bajo la semisombra de los árboles y con una paz que sería impensable un fin de semana. Para variar, comparten mesa conmigo mis fieles compañeros: un café y mi PC. He escrito apenas cinco o seis líneas, cuando una mujer a la que nadie podría dejar de mirar por el color chillón de su vestido, se sienta en la mesa de al lado. No quiero que mi concentración se vaya al traste y disimuladamente giro mi asiento para cambiar de ángulo de visión. Mi nueva tranquilidad dura poco. Llega un hombre maduro, con el pelo engominado y aires de superioridad, que toma asiento al lado de la señora. La pareja inicia una conversación que poco a poco va subiendo de volumen. Mi curiosidad de escritor voyeur se pone en funcionamiento y sin dejar de mirar al...