Confidencias
Para Ascen, donde quiera que estés Acabo de recibir una de las pocas cartas que todavía llegan por correo. Es del Ministerio del Interior; descarto que sea una multa porque ahora casi no conduzco y me digo que será la actualización de las pensiones. Cojo el abrecartas y mientras el metal rasga el papel, lo recuerdo. Nos reuníamos todas las mañanas a eso de las doce. La correspondencia, siempre muy abundante, ya había llegado, y armadas con un abrecartas nos sentábamos a distribuirla por asunto. Los pedidos a la izquierda, las facturas a la derecha, las consultas técnicas en el centro, y así sucesivamente. Una vez finalizada la clasificación, nos dirigíamos al casillero central para colocar cada grupo de cartas en el departamento pertinente. Aunque hacía poco que nos conocíamos, esa rutina se convirtió en un momento propicio para las confidencias. El abrecartas se movía al ritmo de nuestra charla, que podía ser tan variada como imprevisible. Las conversaciones versaban sobre t...