22 de noviembre de 2021

Relaciones extralaborales

 

Imagen de RENE RAUSCHENBERGER en Pixabay 


Hoy llega el nuevo director después de que el último tuviera que hacerse casi invisible y desaparecer por la puerta trasera. Te han dicho que era italiano y has dejado correr la imaginación. Enseguida has pensado en un moreno conquistador de mirada seductora. Te has recreado visualizando el galanteo y ardes en deseos de conocerlo. Sabes que es un tópico y, sin embargo, esperas en secreto que se cumpla al pie de la letra.

Tú tienes el privilegio de ser la primera en recibirlo, luego tendrás que presentarlo al resto de tus compañeros. Pronto descubres que tu fantasía te ha jugado una mala pasada; tu rostro no puede evitar un gesto de decepción. Ni es moreno, ni tiene aires de seductor. Con una cabeza de rizos rubios que necesitan un peine, sus ojos son gélidos, de un azul metálico y, aunque esboza una sonrisa, la frialdad de su mirada te golpea. Sin saber muy bien por qué, el desasosiego recorre tus entrañas, pero le vas a dar una oportunidad.

Los días van pasando y tus conversaciones con Luigi Trani se limitan a temas de trabajo. Algunas veces, te deja con la boca abierta cuando se acerca a tu mesa y te dice con seriedad:

—Voy a buscar un café, ¿quiere que le traiga uno?

Tú, que no estás acostumbrada a este tipo de ofrecimientos, rehúsas con un "no, gracias" y dudas de si ese trato tan formal, siempre con el "usted" por delante, es una costumbre italiana o si quiere marcar distancias. A estas alturas tus sueños se han desvanecido como el humo de un cigarrillo pero te intriga su personalidad.

Un día te propone que le acompañes a la reunión del equipo de ventas de la zona sur. Se han de presentar las estrategias para la nueva temporada y le irá bien tenerte cerca. Tú aceptas, no te queda otra opción pero te apetece verle en un ambiente diferente porque, aunque te niegas a reconocerlo, te sientes atraída por él.

Todo transcurre con una normalidad que te exaspera. Es la última noche, mañana cogerás el avión que te devolverá a tu rutina. Después de la cena, sales al jardín y te alejas con una copa de cava. Vas hasta la terraza que se asoma a la pequeña cala donde está situado el hotel. El reflejo de la luna traza un camino de ondas doradas sobre el mar en calma. Una sombra emerge a tu derecha y no puedes evitar dar un brinco.

—¿Lui...? Quiero decir, ¿señor Trani? No le he oído llegar.

—Disculpa, no quería asustarte —te responde, y sientes un cosquilleo al darte cuenta de que ha abandonado el trato formal—. Te he visto salir y he pensado que la vista debía ser preciosa desde aquí. Y no me he equivocado.

Guardas silencio. En realidad, él no contempla el paisaje sino que acaricia tu piel con la mirada que, serán cosas de la oscuridad, ya no te parece tan gélida. Tú tiritas aunque no hace frío y él, galante, te ofrece su americana que coloca sobre tus hombros. Lo hace con movimientos lentos, queriendo prolongar el momento y, mientras, clava sus ojos en los tuyos.

—¿Nunca te han dicho que tienes unos ojos preciosos, Matilde? —susurra y se acerca tanto a ti que puedes notar su aliento.

Desvías la mirada y finges contemplar las estrellas. La brisa del mar hace ondear tu melena y cuando un mechón cae sobre tu cara, Luigi lo atrapa para enrollarlo en sus dedos. Las piernas te tiemblan. La americana resbala dejando tu brazo izquierdo al descubierto. Él aprovecha el momento para abrazarte y buscar tu boca con la suya. Todo se detiene a tu alrededor y deseas que ese instante no acabe nunca.

Después de una noche inolvidable te preguntas cómo serán las cosas al día siguiente. No tardarás en averiguarlo.

—Señorita Muñoz —te dice nada más entrar en la oficina—, hoy llegan mi esposa y mis dos hijos de Turín. Aquí tiene los datos de su vuelo, encárguese de que el chófer los recoja en el aeropuerto.

Safe Creative #2111229878481

14 de noviembre de 2021

Gestación

 


Gestación

Cuando se despertaba, lo primero que hacía era contemplar la flor que comenzaba a brotar en su vientre. Por las noches le cantaba en un tono casi imperceptible y le parecía sentir el latido de su corazón. El brote fue tomando forma y creciendo con lentitud. A veces, hasta podía notar cómo vibraba. Al principio, parecía el aleteo de una mariposa, pasadas unas semanas se convirtió en el repiqueteo de un bombo sordo. A los nueve meses, la rosa eclosionó y, por fin, la pudo tomar en sus brazos.


Autora de la imagen María Vives



Safe Creative #2111149807370

8 de noviembre de 2021

Compañías peligrosas

 

Imagen de Pexels en Pixabay 


La conocía de verla por la oficina, aunque nunca habíamos cruzado más de cuatro palabras. Por eso me subí a su coche sin pensarlo demasiado cuando se ofreció para llevarme a casa. Tenía mucha prisa por llegar y acababa de perder el tren.

—¿Hacia dónde vas? ¿Vives en Barcelona, no? —me preguntó en cuanto me senté a su lado—. No te olvides de abrocharte el cinturón de seguridad.

—Sí, sí. ¡Gracias! No quiero desviarte de tu camino. Me bastará con que me dejes en Sarriá —le dije yo.

Seguimos con una conversación banal, pero, como no teníamos mucho en común, no tardamos en sumergirnos en el silencio.

Mi compañera conducía de forma errática. Se aferraba al volante con fuerza y aceleraba y desaceleraba provocando un movimiento de vaivén muy incómodo. Además, se aproximaba temerariamente al vehículo que nos precedía, mirando inquieta a derecha e izquierda. Empecé a maldecirme por haber aceptado su ofrecimiento. Ya era un poco tarde para arrepentirse así es que me agarré al asidero y lancé un prolongado suspiro. Se trataba de un trayecto de tan solo media hora, pero sospeché que se me iba a hacer interminable.

Según las leyes de Murphy, si algo puede empeorar lo hará y este viaje no parecía ser una excepción. Abandonamos la autopista para evitar el peaje y continuamos por una carretera sinuosa y repleta de curvas. Isabel pisaba el acelerador a fondo y se abría tanto al entrar en cada una de ellas que invadía el carril contrario. Empecé a pensar que no llegaríamos a nuestro destino. A pesar de estar en pleno otoño, mi frente se llenó de gotas de sudor.

No tardó en anochecer. Los árboles que bordeaban la carretera proyectaban su sombra sobre el pavimento, dando un aspecto lúgubre a la calzada. Cuando menos lo esperaba Isabel empezó a hablar.

—Dime una cosa, tú estás liada con Alex, ¿verdad? —me soltó de sopetón apartando la vista del camino.

—No creo que sea de tu incumbencia. Mira la carretera y céntrate en conducir —le respondí yo de malos modos. Mi crispación iba en aumento.

—No me digas que no sabías que Alex era cosa mía. Te vas a arrepentir —y soltó una carcajada destemplada.

Al llegar al mirador de Vallvidrera. Isabel dio un volantazo y dirigió el coche hacia el precipicio mientras gritaba:

—¿Has visto Thelma y Louise? ¡Vas a ver lo que se siente!

Todavía no sé cómo logré deshacerme del cinturón de seguridad y abrir la puerta del coche. Solo sé que rodé sobre el asfalto y deseé convertirme en un bivalvo que, para protegerse, cierra sus conchas cuando el peligro acecha.

El estruendo del coche al caer por el precipicio, seguido de una explosión, me hizo reaccionar y salir corriendo hacia el borde del mirador a tiempo de ver el coche de Isabel envuelto en llamas.





Safe Creative #2111089745428

31 de octubre de 2021

Amor adolescente

 

Imagen de Enrique Meseguer en Pixabay 


Los gritos de la hija del duque resonaron por todas las estancias del castillo.

—¡No! ¡No, no y no! ¡Nunca consentiré! ¿Casarme con ese viejo yo? ¡Ni hablar! Si ya tiene veinticinco años... Además es bizco, feo y paticorto.

La doncella de Mencía no le llevó la contraria. Era cierto que el hijo del conde Salvaterruño tenía once años más que la niña, pero en cuanto al resto... Cerró los ojos e imaginó por un momento que la prometida iba a ser ella. La aparición del duque la sacó de su ensoñación.

—¿Se puede saber a qué viene semejante griterío? Mencía, deja de comportarte como una niña malcriada.

—Pero, padre... Arturo es muy viejo y, además, no me gusta nada.

—Y ¿desde cuándo una mocosa como tú puede decidir qué matrimonio le conviene? Arturo es un buen mozo y un excelente partido. Además, la unión de ambas familias ampliará nuestro feudo. No quiero oír ni una sola queja más. Yo sé bien lo que es mejor para ti.

Lo cierto era que el duque de Madreselva, que enviudó a los pocos meses de nacer su única hija, había dejado la educación de la niña en manos de criados, institutrices y doncellas. La administración de sus tierras, la mediación en los problemas de sus vasallos y las disputas con los feudos vecinos había absorbido todo su tiempo. De modo que Mencía había pasado su infancia correteando con libertad por los dominios del ducado. Estaba acostumbrada a recorrer campiñas y montañas a su antojo con los hijos de los siervos del castillo.

La chiquilla no había tardado en sentir predilección por el hijo de la cocinera, Dionisio, que era un muchacho avispado y bien parecido de apenas un par de años mayor que ella. Al llegar la adolescencia, esta amistad infantil empezó a tomar un cariz más íntimo y personal. Ella no lo sabía pero se estaba enamorando de su compañero de juegos más de lo que hubiera sido conveniente.

Después de la disputa con el duque, los gritos de Mencía no se repitieron. Sin embargo, la muchacha andaba por los pasadizos cabizbaja y en silencio. Desaparecía del castillo sin decir a dónde iba aunque todos estaban seguros de quién la acompañaba en sus escapadas.

Los preparativos para la fiesta en la que se anunciaría el compromiso de los dos jóvenes avanzaban a toda prisa. Faltaba una semana para la fecha señalada cuando el repicar de las campanas de la iglesia a horas intempestivas sorprendió a los habitantes del castillo. No era un buen presagio.

Todos se preguntaban qué podría haber pasado. No tardarían en saberlo. Un jinete con el estandarte del condado de Salvaterruño hizo su entrada en el castillo, solicitando audiencia con el duque. La expresión cariacontecida tanto del conde como del portador del mensaje lo decía todo. Por su parte, Mencía al escuchar la noticia de la muerte de su futuro esposo a manos de unos bandidos, no pudo evitar que se le escapara un suspiro de alivio. Algún alma bienpensante dio por hecho que era una expresión de dolor.

Safe Creative #2110319678307

25 de octubre de 2021

Despedida

 

Imagen de Pixabay


Despedida

Silvia no se lamentó cuando su marido le anunció un nuevo viaje de negocios. Planchó y dobló con cuidado sus camisas y pantalones. Cogió una maleta y distribuyó la ropa con esmero, sin olvidar los calzoncillos, las camisetas y los calcetines y, por último, incluyó un neceser con el cepillo de dientes, la maquinilla de afeitar y el peine. El día de su partida, le acompañó hasta la puerta y contempló cómo bajaba en el ascensor. Luego, se asomó al balcón para ver alejarse el taxi que se lo llevaba.

Cuando estuvo segura de que estaba lejos, corrió a llamar al cerrajero.

Safe Creative #2110259627724

18 de octubre de 2021

El visitante interplanetario

 

Imagen de Pixabay


Es tarde y la oscuridad no demorará en tender su manto sobre el valle. Venancio se apresura a recoger su rebaño para que las ovejas pasen la noche a cubierto. De improviso, una luz intensa, que recuerda la iluminación de un estadio, le hace pensar que la naturaleza ha enloquecido y que el sol ha vuelto atrás en el tiempo. Pronto descubre que el responsable de ese resplandor no es el sol sino un objeto con forma ovoidea que desciende a toda velocidad hasta posarse en la pradera donde suele pastar su ganado.

Con gran asombro, el granjero ve cómo el objeto se abre por la mitad y despliega una escalera por la que ve descender a un hombrecillo verde. Este, envuelto en un halo luminoso y con antenas doradas que emiten luces de colores, se dirige con paso vacilante hacia él. La sorpresa y el miedo han dejado paralizado a Venancio que no sabe si salir corriendo o quedarse a ver qué pasa.

El hombre da un respingo cuando oye hablar al que, supone, debe ser un habitante de otro planeta:

Tenga usted muy buena tarde, o ¿sería más adecuado decir noche? Mi nombre es Marciano Equis y provengo del planeta Murano. Por extraño que parezca, el visitante se expresa en castellano con cierto eco metálico.

Después de abrir y cerrar la boca varias veces, Venancio parece recobrar el dominio de sí mismo.

—¿Sebas? Porque con esas paticas solo puedes ser tú. ¡Qué el carnaval no ha comenzao todavía! ¿Se puede saber de ande has sacao ese huevo Kinder? ¡T'has pasao con los fectos espaciales esos!

El que parece desconcertado ahora es el recién llegado que tiene preparado un discurso y quiere recitarlo hasta el final.

— Viajo en misión de paz. Me pregunto si su señoría tendría la gentileza de darme alojamiento por unos días. Me sería de gran utilidad pernoctar en una casa terrícola. El objetivo de mi expedición es llevar a cabo un estudio sobre los usos y costumbres de su honorable planeta.

—¡Anda la hostia! Pues si que estás estirao tú. Mira que es mu tarde y yo tengo que madrugar. Anda pa tu casa que si no la Hortensia te va a sacudir.

El extraño personaje parece entrar en cortocircuito y sus antenas comienzan a girar sobre sí mismas despidiendo estrellas rojas.

—No encuentro traducción para sus palabras. Insisto, vengo en misión de paz. ¿Estaría dispuesto a colaborar en este proyecto?

Joer, Sebas. Que no estoy pa guasas. ¡Anda, ahueca el ala! — Y con estas palabras, cierra el establo y dirige sus pasos hacia su casa.

Al día siguiente, en el valle no hay indicios de lo ocurrido la noche anterior y Sebas, que se encuentra con Venancio en el bar donde suelen desayunar, no entiende las burlas de su amigo.


Safe Creative #2110199560167

11 de octubre de 2021

Promesas

 

Imagen de Pixabay


Prometió a su padre que defendería su virtud por encima de todo, pero no contaba con la llegada del nuevo palafrenero al castillo ni con los ojos verdes que la contemplaban mientras cepillaba su caballo.

Empezó a buscar excusas para visitar las caballerizas y salir a cabalgar con frecuencia. Una tarde en la que él la ayudaba a descender de su corcel, sintió la tibieza de sus manos sujetando su cintura y no pudo evitar que las puertas de su inocencia se abrieran de par en par.

Safe Creative #2110119496927