Podría haber sido peor
Tanto me habían insistido Alex y David que al final me habían convencido. Iría a ver el clásico en el Camp Nou: un Barça-Madrid que prometía ser de lo más movidito. Poder estar con ellos en el córner norte me había costado la mitad de mi sueldo, es un decir, pero no importaba, la entrada ya estaba en mi bolsillo todavía calentita. Unas tres horas antes del partido, nos encontramos en el Bar Stadio, para así tener tiempo de picar algo, tomarnos unas cervezas y llegar de los primeros. Como es habitual en estas ocasiones, las colas en los diferentes accesos rodeaban el campo y avanzaban a la velocidad de un oso perezoso. Nos dirigimos a la puerta veinte, que era la nuestra. El ambiente era desbordante. Pululaban las banderas de los contrincantes y los seguidores lanzaban vítores a sus respectivos equipos. La organización había tenido la precaución de asignar zonas diferentes a las aficiones y así evitar encontronazos. Nos faltaban pocos metros para llegar a nuestra entrada cuando un gu...