Frustración

María suspiró, estaba preocupada y triste. Sabía que le causaría un gran dolor a la persona a la que más quería. La angustia la consumía pero estaba absolutamente decidida. Las cosas no iban a ir como las tenía previstas su madrina. Desde que había conocido a Paco su vida había dado un vuelco, y lo que antes le había parecido un buen proyecto ya no se lo parecía. María era consciente de que se lo debía todo a su tía Gimena. Su madre había muerto al dar a luz y su padre, Jacinto, se sintió incapaz de hacerse cargo de ella. Tenía un sueldo mísero que a duras penas le alcanzaba para pagar el alquiler de una habitación minúscula. Todo hacía presagiar que María acabaría en la inclusa. Por suerte para la niña, Gimena, que en esa época, era una solterona que ya había pasado de largo los treinta, no se lo había pensado dos veces y se había ofrecido para hacerse cargo de ella. Sabía que nunca se casaría y su situación económica era desahogada. Había heredado de sus pa...