Como Dumbo

Siempre has tenido orejas de soplillo. Es un hecho. Acéptalo. Ni tu madre lo desmentía. Para que te quedaras tranquila decía que era porque, cuando eras un bebé, te gustaba dormir con las orejitas dobladas. Y tú le echabas la culpa a ella de tu defecto. Que tenía que haberte puesto esparadrapo para impedirlo, le decías. ¿Te imaginas? Seguro que si lo hubiera hecho te habrías horrorizad o . Eras la única de la familia que las tenías así. Las de tus hermanos eran pequeñas y bien pegaditas, como debe ser. Si no hubiera sido porque eras una copia en miniatura de tu padre, hubieras creído que era verdad eso de que te habían recogido por ahí. Cosas bonitas que dicen los hermanos. Y a ti te decían de todo: "cuidado que con esas orejas vas a salir volando como Dumbo", o "¿hace viento? ¡No! Son tus orejas en movimiento" y otras lindezas por el estilo. Así que tú te esforzabas por esconderlas. Usabas todos los recursos que se te ocurrían y, claro, lo primero en lo que pensa...