Nunca digas nunca
La Presidenta de la Comunidad Autónoma de Elforo, doña Maribel Tiene Losuyo, había insistido. El comunicado tenía que ser en directo y desde el plató de la cadena autonómica; los elforeños se lo merecían. Y la dirección de la televisión lo había dispuesto todo para que así fuera, a pesar del poco tiempo que habían tenido para organizarlo.
Ahora, en el set todo está listo para que la intervención se realice justo a continuación de la lectura de los titulares del noticiero de la mañana. El regidor se ha encargado de comprobar que los equipos audiovisuales estén listos, que la iluminación sea la más favorecedora para la autoinvitada y que el sonido tenga la frecuencia adecuada y no distorsione la voz de la susodicha. Ya solo queda que la señora Losuyo, como se le conoce popularmente, aparezca por la puerta del estudio.
El plató es semiesférico y hay una mesa también con esa forma, de color azul cobalto y con capacidad para tres personas. Dos hombres ocupan los puestos de los extremos: don Juan Lavoz de Suamo, director y presentador del noticiero, y don Carlos Nunca Gris, consejero de meteorología de la autonomía. El espacio central espera a la nunca puntual invitada, que lleva ya varios minutos de retraso.
Aunque no se ha hecho público, se dice que la presencia de la señora Losuyo se debe a una noticia que se ha filtrado en algunos medios y que está relacionada con el huracán Isidoro que se acerca por el Atlántico, aunque se prevé que quede disuelto antes de entrar en la Península.
El realizador anuncia a través del pinganillo la llegada de la señora Presidenta, que se aproxima con pasos apresurados. Saluda brevemente, ocupa el sitio que le han reservado y hace un gesto de aprobación mientras susurra:
—Qué bien ha quedado el azul cobalto que les pedí.
El señor Lavoz suspira aliviado y espera la señal del realizador, que no tarda en llegar, para comenzar:
—¡Tres, dos, uno! ¡En el aire!
Tras las bienvenidas y saludos de rigor a los televidentes, suena la voz de la señora Presidenta que, con cierto temblor propio del que ha cambiado el café de la mañana por algo más contundente, comienza a hablar:
—Ante la grave hecatombe que algunos dicen que se producirá en breve, he creído mi deber trasmitir a mis conciudadanos elforeños un mensaje de tranquilidad. No os tenéis que preocupar por nada. Si habéis oído que el huracán Isidoro puede causar una catástrofe, pensad que es una falacia que nos quieren colar para ponernos nerviosos. Un huracán con ese nombre no va atacar a Elforo. Os garantizo que no va a pasar absolutamente nada. No necesitáis ni evacuar ni buscar refugio en ninguna parte. Que os lo digo yo. Aquí está mi querido colaborador, Carlos Nunca Gris, para explicarlo en detalle.
Sin previo aviso, como suelen pasar estas cosas, un estruendo parecido al que haría una bomba de muchos kilotones al explotar, impide al pobre hombre cerrar la boca -sí, cerrar la boca- que se le ha abierto al oír semejante estallido. Los focos del estudio se apagan. La fuerza del viento golpea los ventanales con furia. Los vidrios de seguridad saltan hechos añicos. Isidoro, implacable, lo arrasa todo.
Imagen de Welcome to All ! ツ en Pixabay
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