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Recuperando la calma

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Disfruta de este texto narrado por Maite Bilbao    Siempre has sido un poco solitaria, reconócelo. Te encanta salir a pasear huyendo de los lugares más concurridos; sumergirte en la contemplación de las nubes en el cielo, de las copas de los árboles y las aves que las habitan o sencillamente perder la mirada en el ir y venir de las olas del mar que te transportan a los lugares más lejanos. Mientras, tus pies se mueven a su antojo sin que nadie les indique un destino. De nuevo te sientes con fuerzas para continuar tu camino. Tus pulmones se llenan y tu respiración se vuelve más profunda. Las tensiones han desaparecido y podrás resistir un día, dos o lo que haga falta hasta que puedas reencontrarte de nuevo con tu yo interno. Ese deambular sin una finalidad prefijada ensancha tu pensamiento que se expande y se desplaza por los rincones de tu mente. Ese es el momento en el que afloran nuevas ideas, nuevos propósitos. Sin nada planeado, los proyectos surgen con una fluidez que...

Exigencias

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  Julia tenía muchos pretendientes pero ninguno era lo bastante bueno para ella. A todos les encontraba defectos: Mario era cejijunto, Manuel tenía la nariz demasiado grande, Ricardo las orejas de soplillo y Javier los labios muy finos. El día que les presentó su prometido, sus amigas quedaron impresionadas. Había conseguido lo imposible : s u novio era la fusión de todos sus antiguos pretendientes.   ******** Imagen tomada de Internet (Autorretrato de Picasso) Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí

El maletín

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  Calzando unos zapatos de tacón, sacados a escondidas del armario de su madre y en los que a duras penas se veían sus pies, Judit salía a pasear por el jardín haciendo bailar sus trenzas. Colgado de un brazo, llevaba un bolso más grande que ella, mientras decía: —Estoy esperando a mi novio que no viene. Pues si no viene, que no venga. Peor para él. Su madre, que la observaba de lejos, sonreía divertida. Una mañana, cuando tenía poco más de tres años, la niña salió de la casa a hurtadillas para visitar los gatos de una de las vecinas. Los "mius" como decía ella. Pensó que nadie se habría dado cuenta. El barrio en que vivían era tranquilo. No era raro ver a los niños pasear solos; todos los vecinos se conocían y, en esa época, los vehículos que transitaban por allí eran escasos. Regresaba ya de su aventura cuando tropezó y estuvo a punto de caerse. Enseguida quiso saber qué era lo que se había atrevido a interrumpir su marcha. A sus pies un maletín gris lustroso, del que ...

El paso del tiempo

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  Cuando la conoció le pareció la mujer más bella del mundo. Deseaba con locura hacerla suya por lo que desplegó todas sus artes amatorias. Le recitaba poesías de Bécquer, le enviaba ramos de rosas rojas por sorpresa, le regalaba bombones y lo más importante: sabía satisfacer sus deseos antes de que ella supiera que los tenía. Sus sueños se hicieron realidad: se casó con ella y tuvieron tres hijas. Eran  felices. Han pasado los años y ahora que, por fin, vuelven a estar solos, él no para de repetir a quien quiera oírlo los mil y un defectos que tiene su mujer. Imagen de Pixabay Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí

Salir del armario

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      Entonces seré yo quien necesite un amigo imaginario , pienso mientras me encierras en el armario. Así podré llenar las horas muertas hasta que la oscuridad te devuelva a mi lado, para decirme que no puedes vivir sin mí.     Me pregunto qué pensarían tus amigos y tu madre si supieran que, a tus veinte años, todavía eres incapaz de dormir sin tu oso de peluche. Imagen de Pixabay Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos:  Aquí

Des-conectado

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  Alex e st á en perfecta conexión con el mundo virtual. Por la noche, mientras sus padres ven el noticiero en televisión, se sumerg e en TikTok, Instagram, Twitter y Snapchat . Por la mañana, l o primero que hac e al abrir los ojos e s comprobar los mensajes de WhatsApp. Durante el desayuno, tampoco aparta la vista de la pantalla ni un segundo y respond e a las preguntas de su madre con monosílabos. Va al colegio en bicicleta y, con una mano en el manillar y la otra sujetando el móvil, aprovecha ese momento para chatear con su novia . Hasta que una mañana no se d a cuenta de que el semáforo est á en rojo. A s u madre nunca se le había ocurrido pensar que añoraría tanto sus monosílabos . Imagen de Pixabay Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos:  Aquí  

El extraño

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  Es cierto que era una persona un tanto enigmática. En eso estábamos todos de acuerdo. En lo que no había unanimidad era en definir la razón que lo hacía tan diferente. La forma en que aterrizó en nuestras vidas distaba mucho de ser habitual. Se llamaba Kamil y llegó al instituto, casi finalizando el segundo trimestre, porque a su familia la habían trasladado por trabajo. No explicó mucho más. También es cierto que, en aquel momento, no estábamos demasiado interesados en conocer los detalles. Pasábamos de él. Poco a poco su presencia empezó a hacerse notoria y no precisamente para bien. Era más alto que la mayoría de nosotros, delgado y con unos pelos que parecían haber sufrido los efectos de un huracán. Con un aire entre inocente y despistado, era el típico empollón que siempre conocía todas las respuestas y, a menudo, corregía las nuestras. Creía saberlo todo de todo y no tenía ningún interés en disimularlo. Algunos opinaban que era un genio; otros, como yo, pensábamos que e...