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Deseos ocultos

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  Ignoraba los motivos, pero cada vez que entraba en la capilla del colegio, Susana se sentía intimidada. Y, en mayo, mes dedicado a la Virgen María, las visitas se repetían con mayor frecuencia. Tal vez las reiteradas alusiones al infierno influ ían en su ánimo ; q uizás fuera el olor del incienso que lo impregnaba todo o la penumbra en la que se hallaba sumido el recinto. Dos gruesas cortinas de terciopelo granate cubrían los ventanales tamizando la luz exterior. Del techo colgaba una única lámpara que, a pesar de tener varios brazos, alumbraba escasamente y proyectaba sombras caprichosas en el suelo. En el presbiterio, un candil junto al sagrario completaba la iluminación. Las chicas entraban en fila india y se situaban, por orden de llegada, en las dos hileras de bancos que ocupaban la casi totalidad del espacio, separadas por un pasillo central. A Susana le tocó colocarse a la izquierda de la nave, justo al lado de un enorme Cristo crucificado que con la cabeza inclina...

Brumas

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  He oído decir que el tiempo pasa volando cuando te haces mayor. Entonces yo no soy mayor porque mis días son cada vez más largos y tediosos. Antes siempre estaba tejiendo jerséis, bufandas o lo que fuera. Ahora, algo me pasa en las manos porque me hago un lío. Y no me gusta ver la tele, es demasiado ruidosa. Pero, sobre todo, me aburro porque "él" no me deja salir sola a la calle, con lo que a mí me gusta callejear. No me sale su nombre; yo siempre he sido muy mala para acordarme de estas cosas, pero el de "él" lo sé, seguro. ¡Ah, sí! ¡Ahora caigo! Abelardo. Y todo porque no encontraba el camino de casa, como si eso no le pasara a todo el mundo alguna vez. Además, solo me ha pasado hoy, o, ¿ya me había pasado antes? Creo que no porque me acordaría. Tampoco quiere que cocine. ¡Pues, vaya rollo! Como si a nadie se le olvidara cerrar el gas alguna vez. Al fin y al cabo, no ha pasado nada. Un poco de humo y ya está. ¡Vaya cara de susto que ha puesto, y qué enfadado...

Instinto paternal

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  Armado con una mopa, Lucas restriega el suelo de la portería con energía y no ve a la señora Ribera, del tercero segunda, que entra en ese momento y está a punto de tropezar con él. —Por Dios, Lucas, ¡menudo susto! ¡Ten cuidado! ¿Se puede saber qué te pasa? Te veo un poco alterado hoy. —¡¡¡No me hable, no me hable, que creo que voy a matar a alguien!!! No tienen vergüenza. No saben con quién se meten. Cuando salga de aquí me voy para allá y le rompo el alma a uno de ellos. Mientras habla, Lucas sigue frotando el piso . Parece querer sacar le un brillo qu e nunca volverá a tener . Pero la vecina , que conoce los prontos del hombre, quiere saber más e insiste: —Lucas, tranquilízate un momento y explícame lo que ha pasado . — H ace ya diez años que Lucas es el conserje del edificio y tiene una buena relación con la mayoría de los inquilinos. —La tía esa, que se me ha llevado a Olivia. ¡¡ ¡Tres años, tres años cuidando de ella! !! Y ahora vienen y me la quitan . Que ...

Reconciliándose con el pasado

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  Se lo había prometido en el lecho de muerte. Felipe recorría el pasillo de su casa arriba y abajo, mientras acariciaba la medalla de la Virgen del Carmen que su abuela le regaló el día de su Primera Comunión. Desde que podía recordar, todos los años, en cuanto las clases finalizaban, sus padres lo llevaban al pueblo con los abuelos, Carmen y Nazario. No volvía a la ciudad hasta que faltaban pocos días para comenzar la escuela. Los atardeceres bajo el único olivo del jardín, escuchando las historias que el abuelo le explicaba, eran sus momentos favoritos. Allí conoció a su inseparable compañero de aventuras, Higinio, que le acompañaba en todas las correrías por el campo y le ayudaba a llenarse los bolsillos de cerezas a escondidas. Allí dio su primer beso con apenas doce años; todavía le parecía ver la sonrisa pícara de María Luisa. Hasta el año del incendio. Después, la familia había sido incapaz de volver al pueblo. Ni siquiera para ocuparse de lo que quedó de la casa. Sus ...

Jugarretas de la mente

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  Hoy es viernes y, como suelo hacer los viernes cada tres o cuatro semanas, entro en la peluquería dispuesta a ejecutar el ritual al que me veo voluntariamente obligada: hacer desaparecer mis canas. Promete ser una mañana aburrida que pasará sin plena ni gloria. O eso creo yo. —¿El mismo color de siempre? —me pregunta Yésica nada más entrar, después del consabido intercambio de saludos. Yo asiento con un movimiento de cabeza. Sin más, comienza su tarea hasta dejarme en ese estado en el que querrías que nadie te viera. Mientras espero a que el tinte disimule las huellas de mi edad, me entrego a la lectura de "Recursos inhumanos", una novela que me tiene atrapada, por lo que aprovecho cualquier resquicio en mi tiempo libre para sumergirme en su trama. Al cabo de un rato, el sonido de la campanilla de la puerta me hace levantar la vista. El rostro que veo reflejado en el espejo me impacta como un latigazo. Miro debajo de mis pies con la esperanza de que el suelo se abra ...

Amor de verano y Buena apariencia

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  Amor de verano Es una lata el trabajar. El final de verano llegó y hoy no me puedo levantar. Te he echado de menos, ya no puedo más. Vivir así es morir de amor. Y aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré. Malamente. Dejame que te cuente, dicen que la distancia es el olvido, pero dime cuándo tu vendrás. Fumando espero. ****************** Buena apariencia Ella le convenció de la importancia de vestir con clase para inspirar confianza. Así es que él eligió con cuidado su indumentaria: traje oscuro con chaleco, camisa blanca y corbata roja. Una rosa blanca en el ojal, y un sombrero borsalino completaba su look . Se echó al brazo una gabardina beis, se dirigió al banco y solicitó ver al director. Cuando oyó susurrar a la recepcionista entre risitas: "jefe, ha venido a verle el mismísimo Al Capone", miró a su alrededor buscando al famoso gánster. ****************** Si te han gustado, podrás encontrar más microrrelatos   Aquí Imágenes de Pixabay

Aterrizaje de emergencia e Insomnio

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  Aterrizaje de emergencia "Les habla el comandante. Debido al medicane que hay sobre la ciudad de Barcelona, nos vemos obligados a realizar un aterrizaje de emergencia. Rogamos a los señores pasajeros que se abrochen los cinturones de seguridad y coloquen sus asientos en posición vertical. Es imprescindible que mantengan la calma y sigan en todo momento las instrucciones de la tripulación." Tras una complicada maniobra, la nave consiguió tomar tierra entre la jaula de los leones y la de los orangutanes. Las cebras se apresuraron a colocar las escaleras y, mientras los pasajeros descendían, los gorilas procedían a descargar las maletas de los viajeros. Los elefantes les dieron la bienvenida con un sonado barrito y las zarigüeyas vigilaban la operación. Los aplausos de los humanos recién llegados fueron unánimes. Imagen de Gerhard G. en Pixabay  ******************* Insomnio Esta noche ha sido una de esas en las que me cuesta coger el sueño. Cuando parecía que, por fin...