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Amor (im)posible

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  Y allí estaba yo convertida en la otra. Haciendo lo que siempre había jurado que no haría. Sabía que todos se justificaban con la misma excusa. ¿Por qué era tan crédula? Pensé en abandonarlo, en no acudir a la cita, pero fui débil. Ese día, su rostro irradiaba felicidad. Me tomó de las manos y mirándome a los ojos, me mostró un pliego y me dijo quedo al oído: "Amor, por fin podremos casarnos". Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay   Relato elegido por Diversidad Literaria en el  VIII Concurso de Microrrelatos  “Porciones del alma" para formar parte de la antología que lleva el mismo nombre.  Noviembre 2022 **************** Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí

Jugando con fuego

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  Aitana era consciente de que no debería ir, pero Sandra, que desconocía su pasado oscuro, había insistido tanto que había acabado por aceptar. Y allí estaba ella con sus mejores galas. Le pareció una ocasión idónea para lucir el vestido de raso rojo que tenía abandonado en el armario y unos stilettos negros que no recordaba que fueran tan incómodos para caminar. Había peinado su melena castaña en un semirrecogido informal que dejaba al aire varios mechones. Cogió el bolso y se aseguró de que llevaba el DNI de su hermana. Cruzó los dedos, deseando que todo saliera bien. Cuando llegó Sandra, no pudo menos que lanzarle un silbido de admiración. No se había quedado atrás, el palabra de honor negro que lucía dejaba poco a la imaginación y su melena rubia seguía el ritmo de sus pasos. Se miraron y, casi al unísono, exclamaron: —¡Esta noche arrasamos! —y rompieron a reír a carcajadas. Entraron en el casino pisando fuerte y Aitana, sin verbalizarlo, pensó que hacía demasiado tiempo...

Muerte de un Presidente

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Lo recuerdo con bastante claridad a pesar de la lejanía en el tiempo. Fue el 22 de noviembre de 1963. La t elevisión detuvo la emisión en mitad del noticiero para lanzar un comunicado que sacudi ría al mundo : el Presidente de los Estados Unidos, John F itzgerald Kennedy, acababa de ser asesinado en Dallas. En ese momento yo era incapaz de comprender el alcance de la noticia. No fue hasta mucho más tarde que supe que se había tratado de u n magnicidio lleno de sombras y sospechas que nunca se acabarían de esclarecer. Lo cierto es que, casi de inmediato, fue motivo de elucubraciones y especulaciones infinitas. Al día siguiente, en el colegio, este hecho se convirtió en el tema de conversación favorito entre mis compañeras. No voy a decir que nos interesara la política, no. Era, más bien, el morbo que entrañaba la muerte de un símbolo: por ser el Presidente más joven que había tenido el estado americano, pero, sobre todo, porque nos parecía guapísimo. Estábamos en esa e...

Sueños

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    No tenía más de cinco años cuando comencé a soñar en ser bailarina. Me imaginaba convertida en Odett e haciendo fluir su energía electrizante. Llenaría el escenario de pirouettes y pas de bourré que dejarían sin aliento a los espectadores. Las notas de Chaikovski acompañarían cada uno de mis pasos. ¡Pobre de mí! ¡Qué inocente! La realidad no se acercaría ni de lejos a mis ensoñaciones. Recorrí todas las escuelas de danza clásica con la esperanza de encontrar una que me pudiera permitir, pero el salario de mi padre, que era pescador, y el de mi madre, que planchaba la ropa de familias pudientes, llegaban a duras penas para sobrevivir. Hasta que un día conocí a alguien que me prometió que mis sueños se harían realidad. Me recomendó una academia que financiaría la formación y, a cambio, solo tendría que hacer pequeñas "concesiones" que no concretó. Mis deseos de bailar eran tan grandes que no lo dudé ni un instante. Y, sin darme cuenta, me encontré interpretando algo m...

Escrito en las estrellas

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  Con la sonrisa de alguien que ha ganado el Oro Olímpico, Marina iba a encontrarse con su amado tras una jornada agotadora. A su paso, el atardecer avanzaba inundando las calles de sombras oscuras y el cielo se cubría de tonos ocres, como en un presagio. Y es que, en ese mismo momento, él se alejaba de ella en busca de un nuevo amanecer. Sin embargo, la estrella que lo guiaba no tardó en volver a conducirlo a su verdadero destino. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay  Relato elegido en el  V Concurso de microrrelatos "Microatardeceres" de Diversidad Literaria  y publicado en la antología con el mismo nombre. - Septiembre 2022 **************** Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí

El dedo índice

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   Fede se despierta con las manos doloridas. "Creo que ayer me excedí con la jardinería", murmura para sí. Y una voz interior añade; "eso y los achaques de la edad". Piensa en las horas pasadas el día anterior cuidando del césped, de las flores y los árboles de su jardín que tiene hasta un estanque con peces y nenúfares. Su mirada se dirige al dedo índice de su mano derecha mientras se lo frota con suavidad. Una sonrisa indecisa se abre paso en su cara y Fede vuelve a ser niño. A pesar de la lejanía en el tiempo, es difícil olvidar ese día. Era muy pequeño y  lo que rememora es una mezcla de lo que recuerda y de lo que oyó contar a sus padres en varias ocasiones. En una tarde primaveral, como otras muchas, sin nada que la hiciera diferente, los tres hermanos jugaban en el jardín de la casa. La niñera los vigilaba de lejos mientras tendía la ropa. Fede, que tenía poco más de dos años, contemplaba hipnotizado el subir y bajar del balancín donde su hermana mayor y su ...

Mi favorita

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  Mi mirada perdida se posó en ti esta mañana. Me pregunto cuántas experiencias has vivido; cuántas cosas podrías contarme sin pronunciar una palabra; cuántas personas han disfrutado de un merecido reposo gracias a ti. Tu piel arañada y los surcos que la recorren hablan de tu larga vida. Cuando te encontré, estabas abandonada a tu suerte. Nadie parecía quererte. Pero había algo en ti que me llamó la atención. No sabría decir qué. Quizás tu aire distinguido o tu estilo antiguo y señorial. No lo sé. Decidí recogerte, adoptarte. Te llevé a casa y te lavé con energía pero con mimo; eliminando las diferentes capas que cubrían tu maltratada superficie. Poco a poco emergió tu carácter, resaltando la viveza de tus líneas. Te recubrí de ungüentos y afeites. Empezaste a emitir luz propia. Te otorgué un lugar destacado en mi habitación. Siempre que estaba cansada acudía a ti. Contigo podía recuperar el resuello y relajarme recorriendo las vetas doradas que te recubren y descansando mi esp...