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Usos de las lavadoras

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  Estaba convencida de tener un completo dominio del manejo de las lavadoras y sus funciones. Hasta hoy. Sé que existen varios tipos de lavado: para ropa delicada, de algodón, de tejidos sintéticos y algún otro. También que se pueden lavar un sinfín de cosas: desde las prendas más grandes que hay en una casa, como cortinas, sábanas y toallas; hasta las más pequeñas, calcetines, bragas o los tangas minúsculos que utiliza mi hija. Y si afinamos más, añadiré que también se pueden programar para que laven a la hora que tú quieras y, encima, te avisan con un pitido impertinente y repetitivo cuando han acabado su tarea. Pero no, no lo sabía todo. Me explico. Hoy, igual que todas las mañanas, cogí el autobús de la línea V13, que es la que me va bien para ir al trabajo. Aún estaba medio dormida, hasta que la conversación que tenían dos chicas que rondarían los treinta ha despertado mi curiosidad y mi estupor. Una de ellas era morena, con una inacabable melena negra llena de rizos que l...

La línea H6

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  Una fugaz mirada en el espejo del recibidor fue la confirmación de que mi look era el adecuado para la entrevista de trabajo. Hacía calor, así es que coloqué mi americana por encima del bolso con sumo cuidado. Ya solo faltaba que el autobús de la línea H6 no tardara mucho. Hubo suerte y llegó puntual a la hora que anunciaba el panel luminoso de la parada. Nada más entrar me di cuenta de que estaba siendo objeto de muchas miradas, la mayoría de soslayo. Y además, a pesar de ir lleno, la gente se apartaba, cediéndome el paso como si yo fuera un personaje público o vete a saber qué. Intenté ignorar la situación y me puse a observar a los pasajeros, como siempre me gusta hacer cuando voy en trasporte público. Entonces, me di cuenta de que, si dirigía la vista a alguien que me estaba mirando, ese alguien desviaba sus ojos hacia el infinito, como si tuviera algo que ocultar. Necesitaba averiguar qué era lo que provocaban estas reacciones. Haciendo equilibrios para que no se me ca...

No hay que subestimar al oponente

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  Con su visión de 360 grados, Jacobo v2.0 analiza la situación en pocos segundos. Es consciente de que, si opone resistencia, aquellos salvajes pueden desconectar un buen número de sus conexiones, aun sin saber que lo hacen. No va a permitir que esto suceda. Opta por dejarse llevar. Son tres hombres violentos y con pocos escrúpulos, como lo han demostrado por su forma de irrumpir en el laboratorio y destruir varios androides v1.9, menos evolucionados que él. Romualdo, al que los otros llaman “Romu” y parece ser el cabecilla, intenta que sus compinches no se pasen de rosca y les grita: —¡Pedazo de inútiles ! Ya estáis teniendo cuidado, porque si e l bicharraco este no llega completo y sin estropicios, no ve re mos la guita. S é que hay ganas de jaleo, pero ahora se acabó. ¡ Subi d lo a la furgo rapidito y larguémonos de aquí! Dos de ellos sujetan al androide, al que han atado de pies y manos, como si eso fuera suficiente para impedir su fuga. En cambio, no han creíd...

La espera

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  El zumbido del ascensor me sobresalta una vez más. Se ha detenido en mi planta. A pesar de que me juró que no regresar ía jamás, a nsío oír el tintineo de las llaves, el ruido de la puerta al abrirse y el taconeo de ella en el recibidor. H abrá reflexionado y me dará otra oportunidad . S in embargo, pasan los segundos y la secuencia de sonidos que deseo escuchar no llega. Hoy tampoco es ella. Trato de relajarme, pero el eco del ascensor resuena en mi cabeza una y otra vez y no lo consigo. Mis días son todos iguales y transcurren en esta espera sin esperanza. No puedo pensar en otra cosa. Solo el ruido del ascensor calma mi inquietud, aunque sea por pocos instantes. La próxima vez iré corriendo a observar por la mirilla. Quizás llega a mi puerta y luego se arrepiente. Duda de si entrar o no. Puede que, si la abro antes de que se vaya, consiga verla, hablarle e intentar retenerla. Tengo que convencerla de que lo nuestro todavía tiene solución. Por nosotros y por Lucía que, ...

Reinventándose

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Un inesperado expediente de regulación de empleo y unos cursos online propiciaron que Romeo García empezara a dedicarse a lo que era su sueño de toda la vida: ser detective privado. Y, como suele decirse, se lanzó a la piscina. Su precaria situación económica no le permitía hacerse ningún tipo de publicidad, así que recurrió a lo más frecuente en estos días: ofreció sus servicios a través de las redes sociales. El tiempo pasaba y nadie parecía darse por enterado de la existencia de este sabueso recién llegado a un mundo en el que la competencia era algo más que reñida. Pero quiso la casualidad, o quien sabe si el destino, que René Girado se fijara en su anuncio, más porque las orejas de soplillo de la foto le trajeron a la memoria a su compañero de pupitre durante la primaria que por la profesión que anunciaba. Llamó al número de teléfono que sin ningún reparo parpadeaba en la pantalla y ahí comenzó la aventura. Quedaron en un bar de la Rambla de Cataluña. A pesar de los años trans...

Maullidos

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  Laia se despierta sobresaltada y con un ligero escozor en la garganta. El silencio invade la casa, por eso, cuando mira el reloj y ve la hora, pega un bote y sale corriendo. Tiene que avisar a Claudia de que ya son las ocho y va a llegar tarde al trabajo. Llega jadeante a la habitación de su hija, pero las únicas palabras que salen de su boca suenan así: —Miau miau miaaauuu. La chica, que no tiene muy buen despertar, todavía somnolienta lanza un grito: —¿Te has vuelto loca o qué? Por mucho que lo intente, todo lo que Laia consigue articular sigue siendo: —Miau miau miaaauuu. —Muy graciosa mamá. Ya vale. Deja ya la tontería, ¿quieres? Pero Laia sigue maullando sin parar, con el rostro contraído y un rubor que va subiendo de tono poco a poco. No sabe como detener ese lamento gatuno, que no reconoce como suyo, y la impotencia hace que sus ojos se nublen y una lágrima rueda por su mejilla, seguida de una segunda y una tercera que se convierte en una catarata de llanto imposi...

Sospecha confirmada

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  Todavía medio dormida, Raquel se levanta de la cama, reprimiendo el deseo de tirar el despertador por la ventana. Tropieza con la pata de la cómoda, pero no parece sentir el dolor y cuando llega al cuarto de baño no puede reprimir un grito sordo. — ¿Qué hace mi madre mirándome desde el espejo? — piensa — . ¡Es imposible! Si hace más de cinco años que dejó este mundo. ¿Estaré teniendo una experiencia paranormal? Sale corriendo y cuando llega a la habitación, de nuevo la ve observándola desde la luna del armario. Aunque su yo interno le dice a gritos que hay una explicación razonable, Raquel no quiere darse por enterada. Necesita comprobar qué imagen le devuelve el espejo del salón, pero la voz de su marido la detiene. — ¿Se puede saber qué haces mirándote en todos los espejos de la casa? Imagen de Richard Duijnstee en Pixabay Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí