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Dejando fluir los sentidos

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  Este texto surgió como un experimento de clase y la escribí escuchando la canción que os dejo aquí abajo, gentileza de Youtube. Espero que lo disfrutéis. Et si tu n'èxistais pas Joe Dassin Dejando fluir los sentidos Tanta intensidad me llega hasta el fondo. Me llega, me llena y luego vuelve a exudar por los poros de mi piel. El tintineo de una cucharilla golpeando un frasco de vidrio me distrae. Siguen los ruidos en la cocina que me desconcentran. Vuelvo a ponerla. Sé que hay alguien que a lo mejor me maldice por volver a poner una canción que quizás ya se ha cansado de escuchar. Pero yo necesito oírla de nuevo. Dejar que las notas fluyan a mi interior y que la letra me haga viajar a paraísos lejanos. Vaya ahora la distracción es mi móvil. Acaba de llegar un mensaje. Pero resisto. Domino la curiosidad imperiosa que me pide que lo lea. Me concentro en escuchar esta canción que me emociona. Y no, al final no he podido resistirme. Total para ver que era un aviso que Twitter se e...

Microrrelatos: Sueños cumplidos y Rebeldía

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  Sueños cumplidos      Isabel no se ofende cuando le dicen que siempre está en las nubes. Al contrario, sonríe con satisfacción. La verdad es que de niña soñaba con volar. En la adolescencia veía volar a los aviones y soñaba. Ahora, tres veces por semana, hace la ruta Barcelona-Bogotá-Barcelona a bordo del Airbus A340 que pilota. ********** Rebeldía      Pasó los mejores años de su vida tejiendo con firmeza su alfombra de cuatro cabos. A pesar de utilizar todos los recursos a su alcance y seguir los consejos de los expertos, no conseguía evitar que uno de los cabos se torciera. Por eso no se sorprendió cuando le dijeron que el menor de sus hijos andaba envuelto en asuntos turbios. Imágenes de Pixabay Encuentra más microrrelatos  aquí

La oreja de van Gogh y otros microrrelatos

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  La oreja de van Gogh Colocó un lienzo nuevo y ordenó la paleta, los óleos y los pinceles. Dio los primeros trazos de un autorretrato pero la imagen que le devolvía el espejo no le gustó. No lo dudó ni un segundo. Fue a buscar su navaja de afeitar, la afiló y con un golpe certero eliminó el elemento discordante. Desengaño Cogió el último diente que se le había caído. Con una sonrisa enorme lo envolvió en papel aluminio tal y como su madre le había enseñado y lo colocó con cuidado debajo de la almohada. Se durmió imaginando lo que le dejaría el ratón Pérez. Lástima que al susodicho nadie le dijera que también tenía que recoger los dientes de los ancianos. In fraganti Comprobó que llevaba todo lo necesario en el cesto y se enfundó su caperuza roja. Al llegar a casa  de su abuela, vio salir al leñador. A ella la encontró a medio vestir. ******** Imágenes de Pixabay Encuentra más microrrelatos  aquí

Reencuentro 2ª parte

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  Si todavía no la has leído, te recomiendo leer la primera parte de esta historia   aquí, Reencuentro 1ª Parte Gustavo sale huyendo de la casa de su amigo, Paco, y corre tan deprisa como le permite su ya no tan joven cuerpo. Cuando se cree lo suficientemente lejos, y el ardor que le sube del estómago lo deja sin el poco aliento que le queda, detiene su marcha, jadeando. Se dobla en dos y no puede evitar que su boca expulse toda la bilis que ha acumulado. Siente un cierto alivio y puede detenerse unos instantes para comprobar que nadie le ha seguido hasta allí. Un torrente de lágrimas fluye de sus ojos. No estaba preparado para tanta crueldad. Le dijeron que querían hablar con él. Solo eso. Gustavo únicamente tenía que dejarse seguir hasta el nuevo hogar de Paco. No sabe en qué momento llegaron, no se oyó abrir la puerta ni los pasos que los condujeron hasta la habitación de los trenes. Tampoco sonó el disparo amortiguado por el silenciador. Antes de que pudiera reaccionar ...

Reencuentro 1ª Parte

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 —¡Pero, Paco! ¿te has vuelto loco o qué? ¿Cómo se te ha ocurrido invitarlo? —Tranquila, mujer. Es el mejor amigo que he tenido en toda la vida. Merece toda mi confianza. —¡Qué pronto se te ha olvidado el motivo por el que tuvimos que dejarlo todo y venirnos a esta maldita ciudad! —Gustavo es lo más parecido a un hermano para mí. No tienes por qué preocuparte. Nada de lo que dice Maite hace mella en Paco. No puede hacerle cambiar de opinión. Paco está de buen humor. Esta noche podrá, por fin, encontrarse con un verdadero amigo. Ya casi no se acuerda de lo que es eso. Hace casi dos años que se tuvieron que exiliar y dejarlo todo atrás, trabajo, amigos, familia. Cree que dos años son tiempo suficiente para que las cosas se hayan olvidado. Esta visita será como una gran bocanada de aire que le ayudará a suavizar la asfixia con la que vive. Maite sigue enfadada, sabe que Paco está jugando con fuego pero no le queda más remedio que aguantarse. Le cuenta que ha sido totalmente fortuit...

Sueños

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  Julia contempla su imagen en el espejo y sonríe con gesto de aprobación. Ya está lista para el casting que cambiará su vida. Su mánager, ese que hace promesas a cambio de favores, se lo ha asegurado: —Tú das el perfil exacto de lo que están buscando. Te he conseguido cita para las diez y media. Este va a ser tu día, querida. Por eso, hay decisión en su forma de caminar. Con minifalda, botas de mosquetero negras y su melena pelirroja ondeando al viento cual bandera, se siente como esa otra Julia caminando por el Paseo de la Fama. Sí, se va a comer el mundo. Se cree observada aunque, en realidad nadie la mira. Conseguirá el papel que la llevará a la fama. Ya ve el letrero de " entradas agotadas" en las taquillas. Luego llegará el Goya y, después, quién sabe, Hollywood podría ser su siguiente destino. Ya n o importa que la llamen f laca porque podrá demostrar a todos lo que vale . Cuando llega, abre la puerta y..., una infinita cola de chicas a cuál más bonita inu...

El viaje más largo

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Era nuestro quinto día de crucero. Con un tiempo espléndido, habíamos llegado a la isla más grande de las Islas Cayman , Grand Cayman que, a pesar de su nombre , es pequeña y no dispone de puerto para recibir a los barcos que la visitan. Estos se ven obligados a fondear en alta mar y los pasajeros se trasladan hasta Georgetown, la capital, mediante una flota de pequeños ferrys. El muelle de llegada era un hervidero de guías turísticos y minibuses dispuestos a llevarnos a todos los rincones de la isla. Mi marido y yo optamos por visitar la playa de las Siete Millas, una larguísima bahía, de aguas cristalinas color turquesa y arena blanca. Después, nos aventuramos por las calles de Georgetown para terminar en un mercadillo de artesanías repleto de los más variopintos objetos. Perdidos entre sombreros, collares, carteras, pinturas y otras artesanías, no nos dimos cuenta de que el cielo, que hasta hacía un instante era de un intenso azul, se había ido poblando de nubes. La voz de...