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Los vuelcos de la vida

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  Casi no me lo podía creer cuando me llamó Elvira. Era llamativo que la persona que nos había machacado durante años con la decencia, la humildad y la bondad ahora se viera envuelta en un asunto tan turbio. Los recuerdos de mi larga etapa en el colegio de monjas se agolparon en mi mente. Me acordé de una vez, yo debía tener doce años, que estábamos en la capilla. La madre San Javier, con su eterno hábito negro y la toca que ocultaba su cabello, se disponía a dirigir el rezo y, antes de comenzar, nos dijo: —El rosario de hoy será para rogar al Altísimo por la resolución de un conflicto muy grave, que está punto de desencadenar la tercera guerra mundial. En ese momento yo no tenía ni idea de qué estaba hablando, pero, con el tiempo supe que se refería, ni más ni menos, a la grave crisis de los misiles en Cuba. La religiosa, con su voz estentórea, iba recitando una larga letanía implorando a Dios por el fin del problema, la paz mundial y yo que sé cuantas cosas más. Nosotr...

Relaciones extralaborales

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  Hoy llega el nuevo director después de que el último tuviera que hacerse casi invisible y desaparecer por la puerta trasera. Te han dicho que era italiano y has dejado correr la imaginación. Enseguida has pensado en un moreno conquistador de mirada seductora. Te has recreado visualizando el galanteo y ardes en deseos de conocerlo. Sabes que es un tópico y, sin embargo, esperas en secreto que se cumpla al pie de la letra. Tú tienes el privilegio de ser la primera en recibirlo, luego tendrás que presentarlo al resto de tus compañeros. Pronto descubres que tu fantasía te ha jugado una mala pasada; tu rostro no puede evitar un gesto de decepción. Ni es moreno, ni tiene aires de seductor. Con una cabeza de rizos rubios que necesitan un peine, sus ojos son gélidos, de un azul metálico y, aunque esboza una sonrisa, la frialdad de su mirada te golpea. Sin saber muy bien por qué, el desasosiego recorre tus entrañas, pero le vas a dar una oportunidad. Los días van pasando y tus conve...

Gestación

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  Gestación Cuando se despertaba, lo primero que hacía era contemplar la flor que comenzaba a brotar en su vientre. Por las noches le cantaba en un tono casi imperceptible y le parecía sentir el latido de su corazón. El brote fue tomando forma y creciendo con lentitud. A veces, hasta podía notar cómo vibraba. Al principio, parecía el aleteo de una mariposa, pasadas unas semanas se convirtió en el repiqueteo de un bombo sordo. A los nueve meses, la rosa eclosionó y, por fin, la pudo tomar en sus brazos. Autora de la imagen María Vives Encuentra más microrrelatos  aquí

Compañías peligrosas

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  La conocía de verla por la oficina, aunque nunca habíamos cruzado más de cuatro palabras. Por eso me subí a su coche sin pensarlo demasiado cuando se ofreció para llevarme a casa. Tenía mucha prisa por llegar y acababa de perder el tren. —¿Hacia dónde vas? ¿Vives en Barcelona, no? —me preguntó en cuanto me senté a su lado—. No te olvides de abrocharte el cinturón de seguridad. —Sí, sí. ¡Gracias! No quiero desviarte de tu camino. Me bastará con que me dejes en Sarriá —le dije yo. Seguimos con una conversación banal, pero, como no teníamos mucho en común, no tardamos en sumergirnos en el silencio. Mi compañera conducía de forma errática. Se aferraba al volante con fuerza y aceleraba y desaceleraba provocando un movimiento de vaivén muy incómodo. Además, se aproximaba temerariamente al vehículo que nos precedía, mirando inquieta a derecha e izquierda. Empecé a maldecirme por haber aceptado su ofrecimiento. Ya era un poco tarde para arrepentirse así es que me agarré al asidero...

Amor adolescente

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  Los gritos de la hija del duque resonaron por todas las estancias del castillo. —¡No! ¡No, no y no! ¡Nunca consentiré! ¿Casarme con ese viejo yo? ¡Ni hablar! Si ya tiene veinticinco años... Además es bizco, feo y paticorto. La doncella de Mencía no le llevó la contraria. Era cierto que el hijo del conde Salvaterruño tenía once años más que la niña, pero en cuanto al resto... Cerró los ojos e imaginó por un momento que la prometida iba a ser ella. La aparición del duque la sacó de su ensoñación. —¿Se puede saber a qué viene semejante griterío? Mencía, deja de comportarte como una niña malcriada. —Pero, padre... Arturo es muy viejo y, además, no me gusta nada. —Y ¿desde cuándo una mocosa como tú puede decidir qué matrimonio le conviene? Arturo es un buen mozo y un excelente partido. Además, la unión de ambas familias ampliará nuestro feudo. No quiero oír ni una sola queja más. Yo sé bien lo que es mejor para ti. Lo cierto era que el duque de Madreselva, que enviudó a los poc...

Despedida

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  Despedida Silvia no se lamentó cuando su marido le anunció un nuevo viaje de negocios. Planchó y dobló con cuidado sus camisas y pantalones. Cogió una maleta y distribuyó la ropa con esmero, sin olvidar los calzoncillos, las camisetas y los calcetines y, por último, incluyó un neceser con el cepillo de dientes, la maquinilla de afeitar y el peine. El día de su partida, le acompañó hasta la puerta y contempló cómo bajaba en el ascensor. Luego, se asomó al balcón para ver alejarse el taxi que se lo llevaba. Cuando estuvo segura de que estaba lejos, corrió a llamar al cerrajero. Imagen de Pixabay Encuentra más microrrelatos  aquí

El visitante interplanetario

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  Es tarde y la oscuridad no demorará en tender su manto sobre el valle. Venancio se apresura a recoger su rebaño para que las ovejas pasen la noche a cubierto. De improviso, una luz intensa, que recuerda la iluminación de un estadio, le hace pensar que la naturaleza ha enloquecido y que el sol ha vuelto atrás en el tiempo. Pronto descubre que el responsable de ese resplandor no es el sol sino un objeto con forma ovoidea que desciende a toda velocidad hasta posarse en la pradera donde suele pastar su ganado. Con gran asombro, el granjero ve cómo el objeto se abre por la mitad y despliega una escalera por la que ve descender a un hombrecillo verde. Este, envuelto en un halo luminoso y con antenas doradas que emiten luces de colores, se dirige con paso vacilante hacia él. La sorpresa y el miedo han dejado paralizado a Venancio que no sabe si salir corriendo o quedarse a ver qué pasa. El hombre da un respingo cuando oye hablar al que, supone, debe ser un habitante de otro planeta...