Despedida
Despedida
Silvia no se lamentó cuando su marido le anunció un nuevo viaje de negocios. Planchó y dobló con cuidado sus camisas y pantalones. Cogió una maleta y distribuyó la ropa con esmero, sin olvidar los calzoncillos, las camisetas y los calcetines y, por último, incluyó un neceser con el cepillo de dientes, la maquinilla de afeitar y el peine. El día de su partida, le acompañó hasta la puerta y contempló cómo bajaba en el ascensor. Luego, se asomó al balcón para ver alejarse el taxi que se lo llevaba.
Cuando estuvo segura de que estaba lejos, corrió a llamar al cerrajero.
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