Entradas

Nunca digas nunca

Imagen
  La Presidenta de la Comunidad Autónoma de Elforo, doña Maribel Tiene Losuyo, había insistido. El comunicado tenía que ser en directo y desde el plató de la cadena autonómica; los elfore ños se lo merecían. Y la dirección de la televisión lo había dispuesto todo para que así fuera, a pesar del poco tiempo que habían tenido para organizarlo. Ahora, e n el set todo está listo para que la intervención se realice justo a continuación de la lectura de los titulares del noticiero de la mañana. El regidor se ha encargado de comprobar que los equipos audiovisuales estén listos, que la iluminación sea la más favorecedora para la autoinvitada y que el sonido tenga la frecuencia adecuada y no distorsione la voz de la susodicha. Ya solo queda que la señora Losuyo, como se le conoce popularmente, aparezca por la puerta del estudio. El plató es semiesférico y hay una mesa también con esa forma, de color azul cobalto y con capacidad para tres personas. Dos hombres ocupan los puestos de los...

Un jefe como los de antes

Imagen
  Por las mañanas, llegaba siempre cuando pasaban cinco minutos justos de la hora en la que empezaba la jornada laboral. Era como si, en el trayecto hacia su despacho, quisiera hacer una lista mental de los empleados que no estuvieran ya en sus puestos. Sus siempre brillantes mocasines Sebago resonaban acompasados y se oían hasta en el último rincón de la oficina. Tenían un efecto inmediato: se disolvían los corrillos y se hacía el silencio más absoluto. Solo se oían las conversaciones de los que atendían alguna llamada de trabajo cuyo volumen, en cualquier caso, se reducía en varios decibelios. El efecto no era muy diferente cuando se dirigía a buscar el café que solía tomar a media mañana. A decir verdad, a pesar del temor que sembraba con una sola mirada, nunca se le había oído pronunciar una palabra más alta que la otra. Por el contrario, se decía que sus peores broncas eran cuando su tono de voz era más bajo. Ese día yo había tenido que llevar al pediatra a mi hijo de cu...

Imprevisible

Imagen
  A Eric Subirats esta noche le toca patrullar con su jefa y exnovia, la sargento Samanta Villanueva. No es la primera vez, pero tampoco le molesta demasiado. En el fondo todavía conserva la esperanza de poder recuperarla. Sentados en el coche patrulla, comentan las últimas películas que han visto, mientras se calientan con el tercer café de la noche. Como cosa rara, está siendo una guardia tranquila. Ellos prefieren la acción porque hace que el tiempo pase con mayor rapidez. Pero todo puede cambiar en cualquier momento. De hecho, l a radio irrumpe en la monotonía cuando ya no lo esperaban. —Se está produciendo un 945 en la calle Buenaventura número 325. Una vecina del edificio ha oído los gritos de alguien pidiendo socorro. Los agentes no están lejos del lugar indicado, así es que se dirigen hacia allí a todo prisa. Llegan en pocos minutos y una vecina, que dice ser la que ha avisado al 112, se encarga de señalarles el piso de donde proceden las voces implorando auxilio. L...

Aprensión

Imagen
  Llego tarde. Seguro que llego tarde. Ya me lo ha gritado mi mujer cuando salía de casa. “¡Que se te han pegado las sábanas, Miguel!” Claro, como ella teletrabaja, puede pasarse el día en pijama. Encima, como siempre que llueve, me ha sido imposible encontrar un taxi y el metro va a reventar de gente. Ya me imagino la cara de perro de mi jefe cuando me vea entrar. “La puntualidad no es lo tuyo, ¿verdad, Gutiérrez?” No lo soporto. Sigo sumido en mis cavilaciones hasta que un hormigueo persistente en la nuca, que no desaparece aunque me rasque, me hace girar la cabeza, y entonces lo veo. Es el tipo más raro que he visto en mi vida. Su testa reluce como si le hubiera dado una capa de cera, no se ve ni una sombra que indique un rapado reciente. Pero lo peor no es eso. Por el tono de su piel, su pelo inexistente debería ser moreno o castaño por lo menos, y sus cejas y pestañas deberían ser del mismo tono, pienso, y no es así. Sus ojos se cruzan con los míos por unos segundos. ¡Vaya!...

La vida en un suspiro

Imagen
Siempre corriendo. Así son tus días. Levantarse antes de que den las siete, ducharse, despertar a los niños, ocuparse del desayuno y llevarlos al colegio temprano para poder llegar al trabajo a tiempo. Las tardes no son muy diferentes, pero en secuencia inversa. Recoger a los niños, bañarlos, preparar la cena, poner la lavadora, tender la ropa y, cuando puedes sentarse en el sofá, los ojos se te cierran sin remedio. Toca irse a la cama y, al día siguiente, vuelta a empezar. En el trabajo las cosas no son más relajadas. Nada más llegar, un sinfín de palabras desfilan por tu cabeza, como en una gran sopa de letras: absorción, actas, consejos, fusión, disolución, litigios, estatutos. Tus dedos teclean sin descanso todo tipo de documentos serios, aburridos pero necesarios. El tiempo transcurre con una rapidez vertiginosa. Los niños dejan de serlo, se convierten en adolescentes y luego en jóvenes. Llega el momento de la emancipación, que no tienen prisa por abrazar. Cuando abandonan del ...

¿Celos o envidia?

Imagen
  El verano estaba en su apogeo y yo me sentía feliz por cómo transcurrían mis vacaciones. Aunque pasaba por esa etapa de transición en la que eres demasiado mayor para algunas cosas y demasiado pequeña para otras, por fin había conseguido tener mi propio grupo de amigos. Eso sí, con la intervención de mis padres, ya que dos de las chicas eran hijas de unos conocidos de ellos. Y es que, a pesar de que tenía y tengo seis hermanos, por edad no encajaba con ninguno, ni por arriba ni por abajo. El hecho de estar en un pueblo de playa pequeño, por aquel entonces no demasiado turístico, me proporcionaba cierta libertad de movimientos y eso me hacía sentir casi adulta con mis recién estrenados catorce años. Con mis nuevos amigos, podía disfrutar de largos paseos por la playa, ir a bucear, ir a coger mejillones, acudir a las sesiones de cine al aire libre por la noche y hasta participar en los primeros guateques de mi vida. Nunca olvidaré el momento. Ese día estaba deseando que llegara...

El cometa

Imagen
  Este relato es mi aportación al "Repte Literari Sant Jordi Urànic" organizado por el Centre Cívic Vil·la Urània de Barcelona con motivo de la festividad de Sant Jordi 2024  (Recopilación de los relatos presentados en este  enlace ) El cometa Lejos quedan las noches de verano en las que, cogido de la mano de mi abuelo, caminábamos por la playa y nos tumbábamos en la arena para contemplar las estrellas a nuestro antojo. Los mejores días eran aquellos en los que la luna nueva dejaba todo el protagonismo a los demás astros. Mi abuelo, que había sido marino, sabía leer el cielo como si fuera un libro abierto. Con paciencia me mostraba Venus, ese astro que parecía más brillante que los demás, pero que no titilaba, o la Osa Menor, con la estrella Polar que señala el norte, y en los cielos del mes de agosto si éramos afortunados, hasta podíamos ver la lluvia de estrellas de las perseidas. Ha pasado el tiempo y hoy soy yo quien guía a un grupo de niños de ocho años, que me ro...