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Regreso al hogar

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El portón de entrada había desaparecido y lo que antes había sido un jardín repleto de azaleas y geranios era ahora un terreno yermo y ennegrecido por el fuego. El camino que llevaba hasta la casa estaba repleto de cascotes y montones de desechos. Al fondo, la fachada, otrora blanca, había adquirido un tono grisáceo y estaba cubierta de culebras dibujadas por la metralla que se había abierto paso sembrando grietas y orificios. Las ventanas, con los vidrios resquebrajados, mostraban los jirones de las que un día fueron cortinas de terciopelo. Hacía un año que Roshni se había visto obligada a abandonar su casa y ahora que por fin había podido regresar le esperaba un panorama que ni en sus peores pesadillas había podido imaginar. Había tenido que afrontar las muertes de su esposo, su padre y hasta de su hijo mayor y lo había hecho con entereza a pesar del profundo dolor. Y ella, que creía que sus lágrimas se habían agotado, sintió un escalofrío y sin pretenderlo, sus ojos se humedecier...

Los lunes no molan

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       Todos los habitantes de Loslunesnomolan estaban de acuerdo: el lunes eran un día odioso. Los domingos por la tarde el país se cubría de un manto de tristeza que se colaba hasta en las rendijas más pequeñas. Los ciudadanos caminaban mirando al suelo y arrastrando los pies. Se encerraban temprano en sus casas. Parecía que quisieran atrapar así sus últimas horas de libertad antes de que llegara el temido día. Los lunes por la mañana las ciudades despertaban lentamente y nadie parecía tener la energía suficiente para comenzar la semana laboral. Era necesario remediar esta situación como fuera. Por eso, después de una consulta popular cuyo resultado no sorprendió a nadie, el Consejo de Estado tomó una decisión: a partir del mes de abril siguiente, los lunes quedarían suprimidos.      Cuando Feliciano Pereza se enteró de la buena nueva daba saltos de alegría. No se lo podía creer. La vida empezó a parecerle más bella. Inocentemente creyó que ahora t...

La herencia

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  Cuando me llamó Ramiro para pedirme que le ayudara con los trámites de un testamento no tenía ni idea de lo peculiar que iba a ser la operación. Él, cuya especialidad era el derecho penal, se había visto involucrado en una herencia y quería asegurarse de que no quedara ningún cabo suelto. Para mí era evidente que Ramiro era perfectamente capaz de afrontar el asunto pero, en nombre de nuestra amistad, acepté su propuesta sin pensarlo. Todo había empezado en el momento en que su amigo, Roberto Núñez-Marañón, había caído enfermo y había visto acercarse el final. Había llamado a Ramiro para pedirle dos cosas. La primera, que fuese su albacea testamentario, no le sorprendió. La segunda le pareció menos común: su testamento debía permanecer en secreto hasta después de su muerte. Un mes después del fallecimiento de Roberto, Ramiro convocó a la viuda y a sus siete hijos. Como era de esperar, me pidió que estuviera presente. El día señalado llegué al bufete de mi amigo con algo de a...

El retrato

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Villa de Leyva, Colombia       Sus ojos verdes cargados de picardía contemplan a Marisa desde la pared del comedor. ¿Qué edad tendría? No lo sabe con certeza, pero no más de cuatro o cinco años. A pesar del tiempo transcurrido, cada vez que pasa por delante del retrato se pregunta que habrá sido de él.      Pedro y Marisa viajan con cierta frecuencia a Colombia para visitar a la familia de Pedro y, un vez allí, aprovechan para hacer un poco de turismo. Ese día, pasean por las calles de Villa de Leyva, teniendo cuidado de no tropezar con los cantos rodados que tapizan sus calles y que dificultan la marcha. Las casas blancas con las puertas de diferentes colores y sus balcones llenos de buganvilias les transportan a otra época. Todavía no han planificado lo que harán el día siguiente. En el hotel les han dicho que, a apenas ocho kilómetros de la ciudad, hay un convento que vale la pena visitar. Se trata del Monasterio del Santo Eccehomo construido ...

La apuesta

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      No me gusta correr; nunca me ha gustado. Si no te persigue nadie, ni se te escapa el autobús y tampoco te va la vida en ello, ¿para qué correr? Se me hace muy difícil entender a los que les gusta salir a correr. Sin embargo, allí estaba yo, en el punto de salida, luciendo un equipo completo de runner , con dorsal incluido, y calzando unas deportivas carísimas, dispuesta a correr durante diez kilómetros o lo que me aguantara el cuerpo.       Todo había comenzado como una broma : "no te lo puedes perder; es la carrera de los bomberos y estará repleta de tíos buenos" . Ant e mi impasibilidad, Inés y Marina se pusieron muy pesadas con el tema : q ue si es por una causa benéfica, que si vas a ser la única que no participes, que si lo vamos a pasar de lujo las cinco juntas... No pararon de insistir hasta que al final la insistencia se transformó en apuesta: "lo que pasa es que no eres capaz; tú mucho gimnasio y mucha zumba pero en realidad no está...

El honor ante todo

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  El sol comenzaba a despuntar por detrás de las montañas y el Parque de la Alameda, habitualmente bullicioso, permanecía solitario y en silencio. Al fondo, donde el jardín se confunde con el valle lindante, unas figuras negras, apenas visibles en la semioscuridad, se preparaban para celebrar un duelo al primer disparo. Los contendientes comprobaban las armas que serían utilizadas. Mientras, los padrinos trataban de mediar para conseguir, in extremis , una satisfacción sin armas. El ofensor, Romualdo hijo menor del Barón de Arganzuela, había conocido a Carolina, hermana de Benigno de la Vega, Conde de Tejón, en una fiesta y, desde el primer momento, cayó perdidamente enamorado de ella. La seguía a donde quiera que fuera para hacerse el encontradizo con cualquier excusa. Quiso la mala suerte que, el día en que se produjo la supuesta ofensa, el Conde, que regresaba de una de sus correrías nocturnas que se habían prolongado hasta muy entrada la mañana, sorprendiera a Carolina en a...

La espera

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La espera   Ya estoy en casa son las palabras que anhelo escuchar desde el momento en que te vas por las mañanas. Me asomo al balcón y contemplo tus pasos que te alejan de mí. Sé que mi día no tendrá alicientes y me limito a dar vueltas por las habitaciones en busca de tu aroma. Mi ánimo solo se recupera cuando el tintineo de las llaves me anuncia tu llegada. Entonces corro a coger la correa y te recibo con un sonoro ladrido.   Imagen de Pixabay Encuentra más microrrelatos  aquí