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El ritual anticaserante

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Cuando lo conocí se apuntaba a cualquier movida. Daba igual que se tratara de ir al cine, a bailar, a pasar el día en el campo o simplemente tomar unas copas con los amigos. Todo menos quedarse en casa. Siempre decíamos que un derrumbamiento repentino no nos pillaría in situ. Un tiempo después, nos fuimos a vivir juntos y descubrió que estar en el hogar a tu aire no estaba tan mal. La verdad es que a mí un poco de tregua no me importó. Casi que hasta la agradecí, por lo menos al principio. Pero llegó un día en que no había forma de hacerlo salir. Se volvió tan y tan casero que empecé a desesperarme. Nunca puso objeción a que yo lo hiciera por mi cuenta, pero a mí también me apetecía que fuéramos juntos a bailar, al cine, a viajar o hacer miles de cosas. Cuando mi impaciencia alcanzó un nivel insoportable, no tuve mejor idea que pedir consejo a mis amigas. Ojalá no lo hubiera hecho. Una de ellas, Maribel, justo de la que menos me lo esperaba, me soltó como si fuera la cosa más norm...

¿Y si fuera cierto?

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  Las cámaras, los flashes y los micros tienen rodeada la mansión de la famosa Shaki. Los fans están divididos en una proporción imprecisa. Unos miran y jalean a Shaki y el resto, bastantes menos, profieren gritos a favor de Gera. Si se tuvieran que medir con un sonómetro, seguro que ganaría Shaki. A medida que avanza la noche, tanto fans como periodistas van emprendiendo una retirada lenta y progresiva. Todavía quedan algunos cuando un Mercedes con las lunas tintadas se acerca a la parte trasera de la vivienda. Los pocos periodistas que siguen haciendo guardia corren hacia el coche que desaparece en el garaje, dejándolos con un palmo de narices y con las ganas de ver quién o quiénes son los ocupantes del vehículo. Todos se preguntan si la cantante ha encontrado quién la consuele de su mal de amores. Dentro, Shaki acaba de acostar a los niños y se sienta a la mesa del comedor que está preparada para dos comensales. El visitante la besa sin prisas y toma asiento a su lado. —¿Est...

Un encuentro casual

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  Dos personajes ilustres comparten, sin saberlo, vagón en el metro de Moscú. El tren ha detenido su marcha en medio de dos estaciones y, aunque han oído un mensaje por megafonía, ninguno de ellos ha podido entender lo que decían. Se trata, ni más ni menos, que de don Antoni Gaudí, famoso arquitecto catalán, y la dama inglesa conocida como Lady Godiva. El señor Gaudí se pasea por el vagón observando hasta los más mínimos detalles del compartimento. Se detiene ante los asientos que hay cerca de una de las puertas y advierte la presencia de la conocida dama. —¡Qué sorpresa, Lady Godiva! No esperaba verla por aquí. Veo que el frío de Moscú le ha hecho arroparse bien. La mujer luce un abrigo de visón plateado, adornado con botones de pedrería, que le llega a la altura de los tobillos. Lleva también un sombrero a juego y un manguito con el que se cubre las manos. —¡Buenos días, diría yo, señor Gaudí! Veo que es usted exactamente igual que la fama que le precede. Creo adivinar a ...

Revancha

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  —¡Pero qué cretina, por Dios! Si no nos hubiéramos ido de esa maldita fiesta, creo que habría acabado estirando de los pelos a esa hija de... —escupe con rabia Martina. —¿De quién me estás hablando? —No te hagas el tonto, que lo sabes perfectamente, Nil. Martina lanza una mirada asesina a su pareja que pone cara de no haber visto, oído, ni notado nada de nada. Vamos, como si fuera un iceberg en medio del océano. Y es que, Lidia, siempre Lidia, se ha pasado la noche echándole los trastos a Nil. Con sus aires de mojigata vestida de vampiresa, se cree que puede comerse a cuantos se cruzan en su camino. Faltaría más; para eso se ha gastado todos sus ahorros en subirse las tetas y redondear su planísimo culo. Y ella, no es que no confíe en su novio, que tampoco, en quién no confía es en su mal llamada amiga. Siempre le ha parecido un poco zorrona, pero, desde que se ha hecho su reforma integral, se ha superado a sí misma. Nil insiste en decirle que está exagerando. Que no es pa...

El regalo

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  Hoy has tenido un buen comienzo. Nada más levantarte suena el timbre y una joven mensajera te entrega un paquete que no esperabas. Enseguida piensas que tiene que ser un regalo porque no es la típica caja de cartón barato. Es algo bien distinto, un estuche gris plateado con un lazo rojo y el logotipo de una marca muy conocida: Burberry . Tus manos han comenzado a temblar y l o primero que has pensado es que el mensajero se ha equivocado de destinatario. Pero no. Los datos están claros, con tu nombre bien escrito. Por una vez no se han olvidado de poner esa "h" tan incómoda que nadie recuerda. Y , cuando por fin alguien lo escribe bien, te alegras tanto como si te hubiera tocado la lotería. La curiosidad recorre tu cuerpo en forma de cosquilleo y, aunque temes que se te haga tarde, abres el paquete con cuidado. Todavía crees que puede tratarse de un error. Por eso quitas la cinta sin deshacer el lazo y levantas la tapa. Dentro hay algo envuelto en papel de seda, tambié...

Influjo de plenilunio

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  Con las manos enlazadas, caminábamos por la orilla de la bahía. A lo lejos, un resplandor rojizo anunciaba la llegada de mi astro favorito, la Luna. Él hincó su rodilla en la arena y dijo: "¿quieres compartir tu vida conmigo?". Pero yo solo tenía ojos para el disco dorado que ascendía con lentitud. Él insistió, rompiendo el hechizo de la noche, y mi duende maligno respondió: "¿Otra vez? No me tientes que soy capaz de decirte que no y pedirte el divorcio". Imagen de chiplanay en Pixabay   Relato elegido por Diversidad Literaria en el  III Concurso de Microrrelatos  “Luz de luna"  para formar parte de la antología que lleva el mismo nombre.  Noviembre 2022 **************** Si te ha gustado, podrás encontrar más microrrelatos: Aquí

Los deseos de un niño

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  En apenas quince días será Navidad. Según la tradición, es la fecha en la que el Niño Dios viene cargado de regalos. Nelson sabe que llegar hasta su casa es complicado porque viven allí donde el fango lo invade todo y la subida es tan pendiente que deja exhausto a cualquiera. Sin embargo, él mantiene la esperanza de que un ser tan poderoso sabrá cómo lograrlo. Acaba de llegar de la escuela, y después de arrojar la mochila al suelo, corre a la cocina en busca de algo de merienda. Lo recibe una nevera desvencijada y medio vacía, pero encuentra una manzana que acallará su estómago hasta que llegue su madre. Se sienta en un banco de madera que hay en la entrada de la vivienda y, mientras devora la manzana, sueña con el regalo que desea recibir: una bicicleta. Ya se imagina montado en ella tratando de seguir los pasos de Nairo Quintana. Por un momento, cree verse rodando en el mismo pelotón que su ídolo y la cara se le llena de una sonrisa enorme. Empieza a anochecer y esperar a s...