Encrucijada

Los bombardeos se han dejado sentir durante toda la noche y tú, a pesar del agotamiento, no consigues conciliar el sueño ni por unos segundos. Aunque están lejos, oyes el rugido de los cazas seguido del fragor de las explosiones y, a veces, hasta sientes el temblor de la tierra bajo el catre en el que intentas descansar. En los escasos momentos de silencio, los quejidos de los heridos inundan el hospital de campaña donde trabajas. A los veinte años, ejercer de enfermera no estaba entre tus planes de vida. Pero la gravedad de la situación te impedía permanecer impasible, y no dudaste ni por un segundo en presentarte como voluntaria. En poco tiempo, h as pasado de desplomarte ante la visión de una simple gota de sangre a tener que curar las heridas de las víctimas que esta guerra sin piedad se está cobrando. El sonido de las sirenas advierte de la llegada de otra ambulancia con heridos. Das un brinco y te preparas para recibirlos. Has aprendido a ver a los pacientes como seres anón...